Cosas que aprendí al cumplir #27:

los 27
Seguimos siendo el puto Séquito ¿vale?

Que son los nuevos Forever 22. Te alejas de los 25 y no llegas a la treintena.

Que ya era hora de hacerte tu primer autoregalo.

Que se disfrutan mucho más los cumpleaños de los demás. Confirmado.

Que un buen regalo puede ser un folio con un código de barras. Incluso si hubiera estado escrito a puño y letra, también lo sería.

Que el regalo más sincero llega (siempre) por correo postal y que te espero la última noche del año. Por favor.

Que la fuerza se va por la boca.

Que se puede decir “no”.

Que el nuevo bloc de notas se llama subconsciente.

Amigo, que no se liga dando pena.

Que no se pregunta por el nombre del perfume. Huele y punto. Llevo desde los 14 usando el mismo y eso ya me lo sé y CANSA.

Que los mañaneos en la calle también tienen el skyline de Madrid.

Que el FIB de este año no pasa porque van a tocar Los Libertines. Hazme caso.

Que pasan cosas*. Y a la vez nunca pasa nada. Que se puede hablar de todo y de nada.

Que fregar el suelo cuando llevas veinticuatro horas despierta NO es de primero de independencia.

Que limpiar restos de arcadas equivale a cambiar primeros pañales y mocos. La vida curte.

Que siempre se jura en lunes pero nunca se promete en sábado.

 Que “anoche iba tan borracha que ni me acordé de ti” sigue siendo una de las mejores frases de la vida. Y una realidad como San Mamés.

Que tenemos que volver a ser buenos indies y reducir las noches de colegio mayor.

Que deberíamos ser más de té.

Que se nos cae la baba con los sobrinos ajenos. Así que imaginaos con los propios que empiezan por “h”. No, no nos lo imaginamos (aún).

En las próximas semanas celebramos otros #27. Seguirán pasando cosas. Pero ojalá sucedan también antes de que anochezca. Por la noche ron dirá…

 

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